El entrenamiento dirigido es un proceso de preparación física diseñado a la medida de las demandas mecánicas, fisiológicas y metabólicas de una disciplina deportiva en particular. A diferencia de un acondicionamiento físico general, este tipo de entrenamiento debe ser totalmente diferente para cada deporte por las siguientes razones.
Sistemas de energía distintos: Cada deporte utiliza vías metabólicas diferentes. Un maratonista necesita desarrollar la resistencia aeróbica de larga duración, mientras que un jugador de básquetbol requiere de potencia anaeróbica explosiva para saltos y aceleraciones cortas.
Patrones de movimiento específicos: Los músculos y articulaciones se activan de formas únicas. Un tenista necesita potenciar la rotación de tronco y la fuerza unilateral de frenado, mientras que un nadador depende de la propulsión de la cintura escapular y la estabilidad del core en posición horizontal.
Prevención de lesiones características: Cada disciplina tiene "zonas de riesgo" específicas debido al uso repetitivo. El entrenamiento adaptado busca fortalecer de forma preventiva los hombros en voleibolistas, las rodillas (ligamentos cruzados) en futbolistas o las muñecas en gimnastas.
Demandas de coordinación y agilidad: Los estímulos visuales y de toma de decisiones cambian en cada entorno. El entrenamiento coordinativo de un piloto de carreras se enfoca en reflejos rápidos y cuello, mientras que el de un futbolista se centra en la agilidad de los pies mientras elude rivales.